
El ganador recibirá un pase para "saltearse un final".
Se le adjudica la muerte de 27 niños y un perro. El perro se llamaba Tobías, pertenecía a su vecino John Broadus Watson y fue salvajemente golpeado con el tomo dos de Melanie Klein, lo que produjo su instantánea muerte.
Se sabe que el famoso personaje de la novela de Stephen King que luego se convirtió en una exitosa película fue inspirado en el mismísimo Meltzer.
Recién el jueves pasado se resolvió este intrincado caso. “Tarde pero seguro” Dijo el Teniente David Milteston. La razón de esta demora se debió a que, por una vergonzosa equivocación, el caso había sido asignado al departamento de policías de la República Argentina y, por ende, archivado en empolvados ficheros en un sótano de Bursaco. Por suerte el caso fue encontrado por Jonas Weyson, empleado de limpieza del lugar y posteriormente devuelto a la justicia del estado de Nueva York.
Próximamente saldrá una nueva película que incluya también el aspecto psicoanalista de la vida del payaso asesino.
Tenemos la impresión de que para responder a nuestro interrogante –así como para responder a cualquier otro interrogante- vamos a necesitar del psicoanálisis lacaniano. ¿Por qué? ¿Es que no escucharon recién? “Angiospermas”, “unisexuales”, “semilla”, “pepinos”, “melones”, “familia”… El método lacaniano nos permitirá dar cuenta de la verdad de la sandía, y para ello vamos a necesitar que ella nos hable.
La sandía no existe”.
Sin embargo, este acceso de alegría no es sino ilusión: en realidad, ella se ríe porque el gran Otro la desea como postre, sin darse cuenta de que para ello la van a despedazar.
Y bien, ¡viva nuestra teoría! ¡Llegamos a una verdad libre de dudas! Porque si nuestra interpretación de por qué se ríe la sandía es correcta, luego dimos en el blanco. Y si es incorrecta, quiere decir que “mandamos fruta” o que “dijimos cualquier verdura”, ¡lo cual nos remite a la verdad de nuestro sujeto!
Se ha corrido el rumor por los pasillos de nuestra querida Facultad de Psicología de que el célebre y siempre recordado Sigmund Freud, durante su estadío en Lapznik en el período agosto-setiembre de 1930, mantuvo comercio (homo)sexual con el prominente Jacques Lacan.
El suceso habría sido desencadenado luego de un sencillo pero intenso intercambio de elogios en los pasillos del Décimocuarto Congreso de Psicoanálisis. Dicen fuentes que Lacan le dijo algunas cosas al oído que hicieron "derretir cual cucurucho de vainilla" (según un anónimo que estaba escuchando) al médico de Viena.
Se sabe que Freud, en los comienzos del íntimo acto, tuvo problemas de erección (probablemente por la merca que se había clavado esa mañana) pero que no bastó más que una oral recorrida por los desarrollos de la libido de Abraham para reactivar dicha zona erógena y dejarla "lista para empezar".
Como prueba de dicho siniestro se encontró un video del acto filmado por un celular de la época que próximamente (luego de censurar algunas partes demasiado explícitas) será publicado adjunto para los incrédulos.